jueves, 2 de junio de 2011

Día 3: Le Mont Saint Michel - Saint Malo

9 de febrero de 2.009

En nuestro camino a Normandía, leímos que por allí cerca se encontraba el lugar que más turistas recibe de toda Francia después de la Torre Eiffel, El Monte de San Michel. Allí nos dirigimos este día, desde el cercano hotel de Avranches en el que habíamos pasado la noche.

El Monte San Michel es una isla accesible en marea baja, del estuario del río Couesnon. Debe su nombre a una Abadía consagrada al culto del arcángel San Miguel.

A la entrada, hay un cartel que te anuncia la hora a la que sube la marea ese día, para que todo el mundo saque su coche del parking, si no quiere perderlo bajo la marea.

Las mareas espectaculares de la bahía contribuyeron mucho a hacer del monte una fortaleza inexpugnable. Durante siglos únicamente era accesible por vía terrestre en los momentos de marea baja, y por vía marítima cuando la marea era alta. Actualmente se puede acceder a la abadía en todo momento gracias a la carretera que lleva a los pies de la roca.

En el interior y camino de la Abadía, hay varias tiendecitas de souvenirs, restaurantes y museos.



Los orígenes de la abadía actual se sitúan en torno a los siglos VIII o IX. Según la leyenda, en 708, un obispo de Avranches llamado Aubert habría construido un oratorio dedicado al arcángel San Miguel, tras habérselo pedido personalmente el arcángel en tres apariciones sucesivas.

Las vistas son en todo momento espectaculares.

La construcción de la abadía es del alrededor del año 960.

En 1791, los últimos benedictinos dejan la abadía a consecuencia de la Revolución francesa. Se hace entonces una prisión donde son encarcelados, desde 1793, más de 300 sacerdotes que niegan la nueva constitución civil del clero. La prisión fue cerrada en 1863 en respuesta a un decreto imperial de Napoleón III.

En verano, el Monte San Michel recibe de entre 20.000 a 30.000 visitantes al día. En febrero, cuando estuvimos, apenas vimos gente durante las 3 horas que estuvimos allí.



Este carril era utilizado mediante un complejo mecanismo, como ascensor para subir y bajar materiales.





En lo alto de la Abadía, hay una figura del arcángel San Miguel luchando contra el dragón.

Las vistas desde la Abadía.


La terraza del Saut-Gaultier, entrada a la Abadía.

Una vez entras en la roca, en el islote, parece que retrocedieses 1.000 años en el tiempo, pero una vez entras en la Abadía, el tiempo parece detenerse.


Interior de la Abadía.


A la entrada te dan un audioguía para que te hagas tu mismo la visita, y te cuentan historias de la Abadía para meterte en situación.
Este sería el jardín por el que paseaban los monjes en sus silencios.

Enorme ventanal desde el que se apreciaban muy buenas vistas.



Gigantesca chimenea con la que calentaban las estancias de la Abadía.


Diversas imágenes del mecanismo que los monjes usaban de ascensor y mediante el cual subían la comida u otros materiales.






Puerta de entrada o salida de la Abadía.

Durante nuestra visita, hacía bastante frío y llovía, pero eso le dió más encanto.


Abandonando la fortaleza en medio de la lluvia.


La visita del Monte San Michel nos gustó mucho. Vale la pena acercarse a conocerlo.

Después de la visita y tras comer unos bocadillos, nos dirigimos a Saint Malo, muy cerquita de allí.

Saint Malo es el pueblo natal de Juan María de la Mennais, fundador de diversas órdenes religiosas, entre ellas la de los Menesianos, que es a la que pertenecía el colegio donde estudié.

Saint Malo está situada en la región de Bretaña, muy cerquita ya de Normandía.

Es una ciudad muy turística, y en verano recibe cerca de 200.000 visitantes. Pero para los que no les gusten los agobios, febrero es muy buena época para visitarla, ya que sólo hay lugareños.

El nombre se debe a un tal Saint Malo, que era seguidor de Brandán, un monje evangelizador irlandés.

El pueblo de Saint Malo tiene dos partes diferenciadas: la ciudad amurallada, y otra parte más moderna, que es a la que pertenecen las siguientes imágenes.

En la historia de Saint Malo tiene gran importancia su relación con el mar. Este pueblo servía de refugio a los corsarios.



Saint Malo tiene una de las mareas más oscilantes del mundo.


tras pasear por la parte moderna, fuimos a la ciudad amurallada, no sin antes tener que pagar el correspondiente parquímetro.

Su centro histórico tiene la particularidad de estar amurallado completamente en forma circular, con una construcción que data del siglo XIII. Esta muralla servía a este pueblo de la Bretaña, para defenderse de los Normandos.



La antigua ciudad amurallada se llama Ville Close o Intra-Muros. La ciudad se convirtió en refugio para los corsarios tolerados por el gobierno, contra la amenaza constante de los ingleses. Se puede pasear por la parte superior de las murallas, el acceso es gratuito.
En la playa de Bon Secours hay una piscina de mareas, y cuando hace buen tiempo, se puede uno bañar. tiene hasta trampolín.

Cañones de defensa de la ciudad, empleados en tiempos remotos. No sirvieron de mucho en la segunda guerra mundial, ya que como tantas otras ciudades europeas, quedó practicamente destrozada y tuvo que ser reconstruida.


La visita caminando por la muralla es una maravilla, ya que se pueden apreciar las estrechas calles, bordeadas de casas de los siglos XVII y XVIII.

En Saint Malo se puede coger un ferry para visitar las islas del Canal de La mancha.

La piratería permitió que este pueblo creciera económicamente en el siglo XVII.

Como en toda Francia, en Saint Malo pueden degustarse deliciosos creps.

La ciudad está rodeada por 2 kilómetros de muralla de granito, y 7 metros de espesor. Tiene 7 puertas, siendo la más conocida la de Saint Vincent. Sin embargo, la más bella y valiosa es la Grande Porte, del siglo XV.


El interior de la muralla, es un laberinto de callejuelas.



En este pueblo nació también Felicite Lamennais, hermano de Juan María Lamennais, filósofo y teólogo, cuyas teorías no estaban acordes con la iglesia. Según los curas de mi colegio, es el culpable de que se hermano juan María no haya sido hecho santo, jejeje.

Saint Malo era el puerto más importante de Francia en el siglo XV. Hoy día, sigue teniendo cierta importancia.

Las mareas son muy fuertes. Estos palos deber servir para medirlas.

Frente a la costa se encuentra Fort Nacional, antigua prisión, que cuando hay marea alta, es inaccesible a pie.


Saint Malo es un pueblo precioso, con sus casitas, antiguo refugio de corsarios. Bien vale una visita si te encuentras cerca.



Cuando ya íbamos a abandonar la ciudad, cual fue mi sorpresa al encontrar una plaza dedicada al fundador, el venerable Juan Maria Lamennais.


Esta es la plaza de Juan María.

En esta región hay muchos servicios públicos, en muy buen estado y muy limpios. Este se encontraba junto a la plaza del venerable.

Nos hubiese gustado quedarnos un día más y así poder ver la subida de la marea, pero ya habíamos decidido que la crecida de la marea, la veríamos en el Monte Saint Michel.

Así que antes de anochecer, regresamos al Monte San Michel, ya en Normandía. Se encuentra muy cerca de Saint malo.

En el Monte Saint Michel, parece que retrocedes 1.000 años. El paisaje es impresionante.

Poco a poco, fue creciendo la marea. Hubo que sacar el coche, y cuando abandonábamos la zona por la carretera, vimos que el agua ya había hecho desaparecer todo a nuestro alrededor.

La lluvia volvió a acompañarnos, y el frio aumentaba por momentos.

Volvimos a dormir en Avranches, pero cambiamos el Ibis, por un Etap que estaba justo al lado, y que era mucho más económico.

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